La transición de la cultura mexicana desde la antigüedad hasta la época contemporánea

Los pueblos que han habitado México han vivido una compleja historia, repleta de giros, algunos graduales, otros muy drásticos. No es tarea fácil identificar una “cultura mexicana” con caracteres definitorios únicos, ni antes ni después de la conquista española. Pero antes de ésta, esa labor resulta especialmente complicada, debido a la enorme diversidad de pueblos, todos con costumbres y modos de vida distintos.

El territorio mexicano presenta ecosistemas muy variados a lo largo de su extensa geografía, lo que ha hecho que las relaciones del hombre con el entorno sean muy distintas en cada región. En el sur de México la alimentación siempre fue más variada que en el norte, debido a la disponibilidad de tierra fértil, recursos hídricos y gran biodiversidad. Todo ello repercutió en la forma de vida de los pobladores.

Con la conquista española se dio inicio a un período de mestizaje y asimilación cultural que efectivamente ayudó a homogeneizar el mosaico cultural mexicano. El castellano se convirtió en el idioma principal, y lo mismo ocurrió con la religión católica. Las costumbres indígenas sobrevivieron entremezcladas con las tradiciones importadas de Europa, y con posterioridad la independencia abrió paso a un mayor contacto con potencias extranjeras que, al llevar a México sus productos y costumbres, enriquecieron aún más su bagaje cultural.

Esa mezcolanza de tradiciones, modos de vida, ideologías y modelos de producción no siempre coexistió sin problemas. Entre 1846 y 1848 se produjo la guerra entre México y Estados Unidos, un evento dramático que privó a México de la mitad del territorio que para entonces tenía, el cual incluía California, Arizona, Texas y Nuevo México.

La sucesión de dictaduras militares tuvo a Porfirio Díaz como ejemplo más fiel de régimen autocrático y desarrollista, permaneciendo 34 años en el poder. Pero en 1910 estallaría la Revolución Mexicana contra el régimen oligárquico de Díaz y contra las pésimas condiciones del campesinado.

La Guerra Cristera estalló en 1926 y duraría hasta 1929, enfrentando a detractores y partidarios de la Iglesia. Todos estos eventos repercutieron de forma decisiva en la cultura mexicana tal como la conocemos hoy.