La cultura y la política en México

Históricamente, la cultura política en México ha tenido un carácter autoritario, a pesar de que en el país se han celebrado elecciones “libres” desde principios del siglo XX. Muchos historiadores consideran que en realidad no se realizaron elecciones auténticamente libres hasta el año 2000, cuando ganó la presidencia Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN). Desde la Revolución Mexicana hasta ese año, el gobierno estuvo ocupado sin interrupciones por miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quienes no tuvieron reparo en usar métodos fraudulentos para asegurar su permanencia en el poder.

Ese “sistema de partido hegemónico” que prevaleció en México durante todo el siglo XX vivió algunas sacudidas. En 1968, fuertes protestas fueron cruelmente reprimidas por grupos paramilitares y por el propio ejército mexicano. Fue lo que se dio a conocer como la “Matanza de Tlatelolco”, evento que apagó la llama de la insurrección popular iniciada ese año en Ciudad de México. Perdieron la vida veinte personas según el reporte oficial, aunque diversas fuentes calculan un saldo de varias centenas de víctimas.

La historia política de México ha sido turbulenta. A pesar de que el país ha vivido largos períodos de paz, tales lapsos ocurrieron bajo gobiernos predominantemente autocráticos, como los de Porfirio Díaz a finales del siglo XIX o los del PRI desde el fin de la Revolución Mexicana.

México ha tenido una lenta aunque progresiva marcha hacia la democracia, pero incluso en años recientes se han producido ciertos sobresaltos. Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue candidato presidencial en las elecciones del 2006, obteniendo de acuerdo al organismo electoral el segundo lugar, con una diferencia de menos del 1% respecto al ganador, Felipe Calderón. López Obrador declaró que se cometió fraude en su contra en la elección, y ha mantenido su impugnación sobre los resultados, aunque el organismo electoral estableció que no hubo fraude.

A pesar de los progresos, en la cultura política mexicana siguen privando el clientelismo, el corporativismo, la desinformación y el desinterés por la política. Las reformas electorales recientes buscan fomentar la confianza y la participación del electorado.