El activismo social y la cultura mexicana

México es un país que presenta un gran potencial para hacer activismo de todo tipo. El país tiene grandes problemas que requieren la ayuda conjunta de activistas y luchadores sociales. Sin embargo, esto no significa que sea tan fácil la tarea de estos grupos altruistas.

Aunque los mexicanos son generalmente solidarios, amables y desinteresados, un rasgo negativo de la cultura mexicana es el desinterés en los asuntos públicos. El mexicano promedio considera que no vale la pena incursionar en política o en activismo social, ya que su contribución sería prácticamente nula y nada cambiaría. No es raro encontrar ciudadanos que prefieren destinar parte de su tiempo a estar con la familia o amigos o incluso pasar horas visitando tragamonedas app para olvidarse de sus problemas, que dedicarse a luchar en contra de las injusticias que se viven en su país o poniendo su grano de arena para encontrar una solución a los inconvenientes comunes.

El paternalismo ha sido una de las señales identitarias en la política mexicana, y ello ha generado una cultura que considera que el Estado es el que debe encargarse de los problemas sociales. Muchos mexicanos son apáticos respecto a los asuntos públicos. De hecho, gran parte de los activistas sociales se han dado a la tarea de incentivar la participación ciudadana, exigiendo más proactividad e iniciativa por parte de la población para poder encarar los problemas sociales desde todos los ángulos.

Para poder hacer activismo social de peso, el mexicano debe tener un conocimiento básico de los marcos legales en los que opera y comprometerse con proyectos que beneficien a sus comunidades. Sin embargo, incluso si existiera esa preparación, la tarea no es sencilla.

México es uno de los países del mundo donde se producen más asesinatos y encarcelamientos de periodistas, activistas sociales y defensores de los derechos humanos. Este panorama ciertamente configura un marco poco propicio para la participación y la protesta ciudadana. Muchas de estas personas reciben amenazas por parte de funcionarios civiles, cuando sienten que sus intereses económicos son boicoteados por el activismo social.

La denuncia contra la corrupción es riesgosa en México, porque frecuentemente el narcotráfico o el crimen organizado está en connivencia con las autoridades civiles corruptas.